LO ÚLTIMO EN EL BLOG ¡FELIZ PASCUA FLORIDA! La Pascua es un gran Domingo de domingos. Desde el Domingo de Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés. ADEMÁS... Nuestro compañero Pablo nos cuenta en unas líneas cómo ha sido el último encuentro Pro Vida en el que han participado diversos miembros del Movimiento Familiar Cristiano de León

sábado, 19 de marzo de 2011

EL SACERDOTE, DON DE DIOS PARA EL MUNDO

Tomado de la página Web de la página de la Diócesis de León.

Un total de 23 jóvenes se preparan en la Diócesis de León para convertirse en sacerdotes. Los futuros presbíteros de León se forman en los dos Seminarios que hoy en día mantiene la Diócesis: el Seminario Mayor de “San Froilán”, en funcionamiento desde el año 1606, y el Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater “Virgen del Camino”, que echó a andar en el año 2007.
En el Seminario de “San Froilán” viven y se preparan para alcanzar la meta de la ordenación sacerdotal 6 seminaristas. Por su parte, el Seminario Redemptoris Mater “Virgen del Camino” acoge a otros 17 jóvenes. Este centro se ubica en las instalaciones del conocido como “Seminario Menor”, inauguradas por el Obispo Almarcha en el año 1949 y donde cesó la actividad en el año 2002. Después de años sin uso y gracias al impulso del Camino Neocatecumenal, en el año2007 se puso en marcha un nuevo Seminario que, a día de hoy, cuenta con 17 alumnos procedentes de 10 países diferentes.
Estos 23 jóvenes asisten a las clases de Filosofía y Teología en el Centro Superior de Estudios Teológicos, con sede en el Seminario Conciliar de la Plaza de Regla. Y se preparan para celebrar el próximo sábado 19 de marzo el Día del Seminario, coincidiendo con la solemnidad de San José, en una efeméride que hermana a los dos seminarios de la Diócesis en un mismo objetivo: formar en León a los sacerdotes de la Iglesia del siglo XXI.
Mensaje del Obispo
Y precisamente con motivo de este Día del Seminario 2011 el Obispo de León hace una llamada para que “este año se viva y celebre el Día del Seminario con la confianza de que algunos de nuestros jóvenes escuchen la llamada del Buen Pastor y se decidan a ir con Él”. En su mensaje pastoral, Don Julián López destaca la importancia de que el próximo mes de agosto la Diócesis de León acoja a más de 2.000 jóvenes en los días preparatorios de la Jornada Mundial de la Juventud. Este evento, “desde su inicio en 1984 por iniciativa del Siervo de Dios Juan Pablo II, ha hecho posible que muchísimos jóvenes hayan optado por seguir a Jesucristo en el sacerdocio o en la vida consagrada”, subraya el obispo legionense.
Don Julián López resalta la importancia del Día del Seminario y del lema elegido para este año “El sacerdote, don de Dios para el mundo”. Este lema, apunta el obispo de León, “nos recuerda lo que representa y vale la presencia de un hombre entregado de lleno a partir el pan de la Palabra de Dios y de la Eucaristía, a perdonar los pecados, a consolar y acompañar a los que sufren, y a sembrar amor y paz en una sociedad que ve cómo se estrecha el horizonte de la esperanza”. En una Diócesis extensa y dispersa como la de León, donde muchas zonas sufren el fenómeno de la despoblación y donde “son cada vez menos los pueblos en los que reside el párroco, la presencia del sacerdote es, por tanto, un verdadero regalo”.

sábado, 5 de marzo de 2011

CUARESMA, TIEMPO INTERIOR.



Con Cristo sois sepultados en el Bautismo, con él también habéis resucitado» (cf. Col 2, 12)

Queridas familias:
 
El próximo miércoles comienza la Santa Cuaresma, tiempo, por excelencia, de oración, ayuno y limosna, son el camino para huir del 'ego' y configurarnos con Cristo. Es tiempo de reflexión, para ver dentro de cada uno de nosotros aquello que nos une o separa de Dios y de los hermanos. 
Al comienzo de ella, os adjunto el mensaje que el papa Benedicto dirige a la Iglesia. 
Que su lectura y reflexión nos ayuden a vivir santamente estos días de gracia.
Recibid un fraterno saludo en Cristo.
Paco,dc.
 
 
 
Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma, que nos lleva a la celebración de la Santa Pascua, es para la Iglesia un tiempo litúrgico muy valioso e importante, con vistas al cual me alegra dirigiros unas palabras específicas para que lo vivamos con el debido compromiso. La Comunidad eclesial, asidua en la oración y en la caridad operosa, mientras mira hacia el encuentro definitivo con su Esposo en la Pascua eterna, intensifica su camino de purificación en el espíritu, para obtener con más abundancia del Misterio de la redención la vida nueva en Cristo Señor (cf. Prefacio 1 de Cuaresma).

1. Esta misma vida ya se nos transmitió el día del Bautismo, cuando «al participar de la muerte y resurrección de Cristo» comenzó para nosotros «la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo» (Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010). 

San Pablo, en sus Cartas, insiste repetidamente en la comunión singular con el Hijo de Dios que se realiza en este lavacro. El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Flp 2, 5) se comunica al hombre gratuitamente.

El Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Filipenses, expresa el sentido de la transformación que tiene lugar al participar en la muerte y resurrección de Cristo, indicando su meta: que yo pueda «conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» (Flp 3, 10-11). El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo.

Un nexo particular vincula al Bautismo con la Cuaresma como momento favorable para experimentar la Gracia que salva. Los Padres del Concilio Vaticano II exhortaron a todos los Pastores de la Iglesia a utilizar «con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal» (Sacrosanctum Concilium, 109). En efecto, desde siempre, la Iglesia asocia la Vigilia Pascual a la celebración del Bautismo: en este Sacramento se realiza el gran misterio por el cual el hombre muere al pecado, participa de la vida nueva en Jesucristo Resucitado y recibe el mismo espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (cf. Rm 8, 11). Este don gratuito debe ser reavivado en cada uno de nosotros y la Cuaresma nos ofrece un recorrido análogo al catecumenado, que para los cristianos de la Iglesia antigua, así como para los catecúmenos de hoy, es una escuela insustituible de fe y de vida cristiana: viven realmente el Bautismo como un acto decisivo para toda su existencia.

2. Para emprender seriamente el camino hacia la Pascua y prepararnos a celebrar la Resurrección del Señor -la fiesta más gozosa y solemne de todo el Año litúrgico-, ¿qué puede haber de más adecuado que dejarnos guiar por la Palabra de Dios? Por esto la Iglesia, en los textos evangélicos de los domingos de Cuaresma, nos guía a un encuentro especialmente intenso con el Señor, haciéndonos recorrer las etapas del camino de la iniciación cristiana: para catecúmenos, en la perspectiva de recibir el Sacramento del renacimiento, y para quien está bautizado, con vistas a nuevos y decisivos pasos en el seguimiento de Cristo y en la entrega más plena a él.

El primer domingo del itinerario cuaresmal subraya nuestra condición de hombre en esta tierra. La batalla victoriosa contra las tentaciones, que da inicio a la misión de Jesús, es una invitación a tomar conciencia de la propia fragilidad para acoger la Gracia que libera del pecado e infunde nueva fuerza en Cristo, camino, verdad y vida (cf. Ordo Initiationis Christianae Adultorum, n. 25). Es una llamada decidida a recordar que la fe cristiana implica, siguiendo el ejemplo de Jesús y en unión con él, una lucha «contra los Dominadores de este mundo tenebroso» (Ef 6, 12), en el cual el diablo actúa y no se cansa, tampoco hoy, de tentar al hombre que quiere acercarse al Señor: Cristo sale victorioso, para abrir también nuestro corazón a la esperanza y guiarnos a vencer las seducciones del mal.

El Evangelio de la Transfiguración del Señor pone delante de nuestros ojos la gloria de Cristo, que anticipa la resurrección y que anuncia la divinización del hombre. La comunidad cristiana toma conciencia de que es llevada, como los Apóstoles Pedro, Santiago y Juan «aparte, a un monte alto» (Mt 17, 1), para acoger nuevamente en Cristo, como hijos en el Hijo, el don de la gracia de Dios: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle» (v. 5). Es la invitación a alejarse del ruido de la vida diaria para sumergirse en la presencia de Dios: él quiere transmitirnos, cada día, una palabra que penetra en las profundidades de nuestro espíritu, donde discierne el bien y el mal (cf. Hb 4, 12) Y fortalece la voluntad de seguir al Señor.

La petición de Jesús a la samaritana: «Dame de beber» (Jn 4, 7), que se lee en la liturgia del tercer domingo, expresa la pasión de Dios por todo hombre y quiere suscitar en nuestro corazón el deseo del don del «agua que brota para vida eterna» (v. 14): es el don del Espíritu Santo, que hace de los cristianos «adoradores verdaderos» capaces de orar al Padre «en espíritu y en verdad» (v. 23). ¡Sólo esta agua puede apagar nuestra sed de bien, de verdad y de belleza! Sólo esta agua, que nos da el Hijo, irriga los desiertos del alma inquieta e insatisfecha, «hasta que descanse en Dios», según las célebres palabras de san Agustín.

El «domingo del ciego de nacimiento» presenta a Cristo como luz del mundo. El Evangelio nos interpela a cada uno de nosotros: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». «Creo, Señor» (Jn 9, 35.38), afirma con alegría el ciego de nacimiento, dando voz a todo creyente. El milagro de la curación es el signo de que Cristo, junto con la vista, quiere abrir nuestra mirada interior, para que nuestra fe sea cada vez más profunda y podamos reconocer en él a nuestro único Salvador, Él ilumina todas las oscuridades de la vida y lleva al hombre a vivir como «hijo de la luz».

Cuando, en el quinto domingo, se proclama la resurrección de Lázaro, nos encontramos frente al misterio último de nuestra existencia: «Yo soy la resurrección y la vida... ¿Crees esto?» (Jn 11, 25-26). Para la comunidad cristiana es el momento de volver a poner con sinceridad, junto con Marta, toda la esperanza en Jesús de Nazaret: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo» (v. 27). 

La comunión con Cristo en esta vida nos prepara a cruzar la frontera de la muerte, para vivir sin fin en él. La fe en la resurrección de los muertos y la esperanza en la vida eterna abren nuestra mirada al sentido último nuestra existencia: Dios ha creado al hombre para resurrección y para la vida, y esta verdad da la dimensión auténtica y definitiva a la historia de los hombres, a su existencia personal y vida social, a la cultura, a la política, a la economía. Privado de la luz de la fe todo el universo acaba encerrado dentro de un sepulcro sin futuro, sin esperanza.

El recorrido cuaresmal encuentra su cumplimiento en el Triduo Pascual, en particular en la Gran Vigilia de la Noche Santa: al renovar las promesas bautismales, reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos comunicó cuando renacimos «del agua y del Espíritu Santo», y confirmamos de nuevo nuestro firme compromiso de corresponder a la acción de la Gracia para ser sus discípulos.

3. Nuestro sumergirnos en la muerte y resurrección de Cristo mediante el sacramento del Bautismo, nos impulsa cada día a liberar nuestro corazón del peso de las cosas materiales, de un vínculo egoísta con la «tierra», que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al prójimo. En Cristo, Dios se ha revelado como Amor (cf. 1 Jn. 4, 7 - 10). La Cruz de Cristo, la «palabra de la Cruz» manifiesta el poder salvífico de Dios (cf. 1 Co 1, 18), que se da para levantar al hombre y traerle la salvación: amor en su forma más radical (cf. Ene. Deus caritas est, 12). Mediante las prácticas tradicionales del ayuno, la limosna y la oración, expresiones del compromiso de conversión, la Cuaresma educa a vivir de modo cada vez más radical el amor de Cristo. 

El ayuno, que puede tener distintas motivaciones, adquiere para el cristiano un significado profundamente religioso: haciendo más pobre nuestra mesa aprendemos a superar el egoísmo para vivir en la lógica del don y del amor; soportando la privación de alguna cosa -y no sólo de lo superfluo- aprendemos a apartar la mirada de nuestro «yo», para descubrir a Alguien a nuestro lado y reconocer a Dios en los rostros de tantos de nuestros hermanos. Para el cristiano el ayuno no tiene nada de intimista, sino que abre mayormente a Dios y a las necesidades de los hombres, Y hace que el amor a Dios sea también amor al prójimo (cf. Mc 12, 31).

En nuestro camino también nos encontrarnos ante la tentación del tener, de la avidez de dinero, que insidia el primado de Dios en nuestra vida. El afán de poseer provoca violencia, prevaricación y muerte; por esto la Iglesia, especialmente en el tiempo cuaresmal, recuerda la práctica de la limosna, es decir, la capacidad de compartir. La idolatría de los bienes, en cambio, no sólo aleja del otro, sino que despoja al hombre, lo hace infeliz, lo engaña, lo defrauda sin realizar lo que promete, porque sitúa las cosas materiales en el lugar de Dios, única fuente de la vida. 

¿Cómo comprender la bondad paterna de Dios si el corazón está lleno de uno mismo y de los propios proyectos, con los cuales nos hacemos ilusiones de que podemos asegurar el futuro? La tentación es pensar, como el rico de la parábola: «Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años... Pero Dios le dijo: "¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma"» (Le 12, 19-20). La práctica de la limosna nos recuerda el primado de Dios y la atención hacia los demás, para redescubrir a nuestro Padre bueno y recibir su misericordia.

En todo el período cuaresmal, la Iglesia nos ofrece con particular abundancia la Palabra de Dios. Meditándola e interiorizándola para vivirla diariamente, aprendemos una forma preciosa e insustituible de oración, porque la escucha atenta de Dios, que sigue hablando a nuestro corazón, alimenta el camino de fe que iniciamos en el día del Bautismo. La oración nos permite también adquirir una nueva concepción del tiempo: de hecho, sin la perspectiva de la eternidad y de la trascendencia, simplemente marca nuestros pasos hacia un horizonte que no tiene futuro. En la oración encontramos, en cambio, tiempo para Dios, para conocer que «sus palabras no pasarán» (cf. Mc 13, 31), para entrar en la íntima comunión con él que «nadie podrá quitarnos» (cf. Jn 16, 22) Y que nos abre a la esperanza que no falla, a la vida eterna.

En síntesis, el itinerario cuaresmal, en el cual se nos invita a contemplar el Misterio de la cruz, es «hacerme semejante a él en su muerte» (Flp 3, 10), para llevar a cabo una conversión profunda de nuestra vida: dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo, como san Pablo en el camino de Damasco; orientar con decisión nuestra existencia según la voluntad de Dios; liberarnos de nuestro egoísmo, superando el instinto de dominio sobre los demás y abriéndonos a la caridad de Cristo. El período cuaresmal es el momento favorable para reconocer nuestra debilidad, acoger, con una de vida, la Gracia renovadora del Sacramento de la Penitencia y caminar con decisión hacia Cristo.

Queridos hermanos y hermanas, mediante el encuentro personal con nuestro Redentor y mediante el ayuno, la limosna y la oración, el camino de conversión hacia la Pascua nos lleva a redescubrir nuestro Bautismo. Renovemos en esta Cuaresma la acogida de la Gracia que Dios nos dio en ese momento, para que ilumine y guíe todas nuestras acciones. Lo que el Sacramento significa y realiza estamos llamados a vivirlo cada día siguiendo a Cristo de modo cada vez más generoso y auténtico. Encomendarnos nuestro itinerario a la Virgen María, que engendró al Verbo de Dios en la fe y en la carne, para sumergirnos como ella en la muerte resurrección de su Hijo Jesús y obtener la vida eterna

jueves, 3 de marzo de 2011

REZANDO VOY


El 9 de Marzo (Miércoles de Ceniza) se pone en marcha un ambicioso proyecto en internet promovido por la Compañia de Jesús desde Valladolid. En las instalaciones del INEA situadas en el Camino Viejo de Simancas, un equipo de personas trabajan para poner en marcha la página web www.rezandovoy.org desde la cual se podrán descargar de lunes a viernes, una oración en audio, de poco más de diez minutos, para que la puedas llevar contigo, en tu reproductor de mp3, Ipod, o la escuches desde el mismo ordenador…

Y es que rezar requiere espacio, tiempo, escucha. A menudo, en lo cotidiano, no abunda ninguno de esos tres ingredientes. Y, sin embargo, aprender a buscar a Dios en medio del día a día es urgente… Rezandovoy hereda la idea de los jesuitas ingleses en www.prayasyougo.org. Detrás de esta iniciativa está la Compañía de Jesús en España, y un gran equipo de personas, hombres y mujeres de diversas edades, orígenes, lugares y sensibilidades... Gente que prepara los textos, gente que los graba, autores y discográficas que ceden los derechos para el uso de su música, la oficina pastoralsj (www.pastoralsj.es), que está llevando a cabo el proyecto…

domingo, 20 de febrero de 2011

XIV JORNADAS DE LA FAMILIA.



ORGANIZADAS POR LA DELEGACIÓN DE PASTORAL FAMILIAR Y PROMOCIÓN DE LA VIDA


- Lunes 28 de febrero: Charla “ La familia en el siglo XXI”, impartida por D. Santiago García Gutiérrez. Profesor en el Instituto Tajamar de Madrid.
- Martes 1 de marzo: Mesa redonda: Respuestas a los retos de la familia. Con la participación de: Camino Neocatecumenal y Movimiento Familiar Cristiano.
- Miércoles día 2 de marzo: Mesa redonda:Respuestas a los retos de la familia. Con la participación de: Equipos de Nuestra Señora, ACIT, y Grupo Post matrimonial. 
JUAN PABLO II Y LOS DERECHOS HUMANOS


Rafael Navarro-Valls*  
(Agencia Zenit, 07/02/2011)
El anuncio de la próxima beatificación de Juan Pablo II no solamente ha alegrado a los católicos. También muchas otras personas – de distinta fe o de ninguna-  han visto con satisfacción esa noticia. Por lo que he podido comprobar, su punto de coincidencia con el papa viajero ha sido su constante insistencia en los derechos humanos.
Su tenaz reiteración de que “los derechos del hombre son también derechos de Dios”, atrajo la atención de cientos de  miles de personas. Atención que se convirtió en respeto al comprobar que Juan Pablo II no se limitaba  a decir frases bellas, también las vivía. Cuando lo vimos abrazando a los desheredados de las favelas brasileñas, a los moribundos de los hospitales de Calcuta o a los enfermos de sida en muchos países de Africa, supimos que Juan Pablo II estaba llenando de contenido  la expresión “derechos humanos”.
Así lo entendió el diario La Repubblica cuando, hace unos años, lo calificaba de “portavoz planetario de los derechos humanos”. Portavoz no solo en sus encíclicas, sino también en la palestra diaria, que es donde se juega el ser o no de la dignidad de la persona. Pide a Castro – y lo logró- la libertad de trescientos presos políticos. Intercede ante el gobernador de una penitenciaría tejana por la vida de un recluso condenado a muerte: lo rescata in extremis de la inyección letal. Condena ante la puerta de Brandeburgo a las dictaduras que la convirtieron en un muro o que fueron escenario de sus paradas militares. Es una de las pocas autoridades mundiales que se atreve a decir que “ante la norma moral que prohíbe la eliminación directa de un ser humano inocente, no hay privilegios ni excepciones para nadie”. Su rechazo de cualquier forma de racismo – incluido el cromosómico, que tiende a eliminar vidas afectadas por el síndrome de Down – es frontal. Hizo de su vida una cruzada constante de lo que llamó la “conjura contra la vida”, que veía en el cuadro más amplio de una “guerra de los poderosos contra los débiles”.
Cuando el 1 de mayo Benedicto XVI beatifique a Juan Pablo II lo estará haciendo con  un hombre que no sólo  intentó  amar  a Dios sobre todas las cosas, sino que captó con toda intensidad su reflejo en la criatura humana. De ahí que no cesara de denunciar los grandes escándalos del tiempo que vivió: los genocidios y los crímenes contra la humanidad; la tortura y la pobreza;  las agresiones contra las libertades cívicas, los derechos políticos o los económico;  los ataques contra el derecho a la vida o la discriminación de las minorías, incluidas las religiosas. Tenía razón Time Magazine cuando,  al declararlo “hombre del año”, subrayaba que Karol Wojtyla proclamó con una rectitud – que sus adversarios llamarán temeridad – su idea del bien, urgiendo al mundo a seguirla.
El relativismo está lanzando su larga sombra también sobre los derechos humanos. Para Juan Pablo II,  en esta materia no podemos dejarnos coaccionar por el “chantaje de la duda”: nos encontramos en un punto de no retorno, pues el hombre es algo más que un complejo maleable de electrones y protones, apto para ser manipulado, torturado o eliminado.
http://www.zenit.org/article-38170?l=spanish

domingo, 13 de febrero de 2011

DANOS LOCOS


¡Oh Dios!
Danos locos, chiflados,
gente capaz de asaltar hacia la inseguridad,
hacia la incertidumbre de la pobreza;
que no utilice su superioridad en su provecho.
Danos locos del presente, enamorados de una vida sencilla, amantes de la paz, 
puros de conciencia, resueltos a nunca traicionar,
capaces de aceptar cualquier tarea,
de acudir a donde sea, libes y obedientes,
espontáneos y tenaces, dulces y fuertes.
Envíanos Señor, locos de los que se comprometen a fondo,
de los que se olvidan de si mismos,
de los que aman con algo más que con palabras,
de los que entregan su vida de verdad y hasta el fin.
Danos locos, Señor, danos locos. 

(Lo encontramos en una hojita del calendario del sagrado Corazón de Jesús). Desconocemos el autor.

martes, 8 de febrero de 2011

CARTA DE NUESTRO CONSILIARIO ANTE LA CELEBRACIÓN DE LAS JORNADAS DE LA FAMILIA EN LEÓN

Queridas Familias:
  Demos gracias a Dios por las buenas nuevas que nos comunican nuestros presidentes diocesanos.
 Poco a poco el fermento va creciendo, más hemos de ser conscientes de que sólo somos obreros, que hacen la labor que les ha comunicado su Señor; recordando el Evangelio que se proclamaba el pasado domingo:"vosotros sois la sal de la tierra... vosotros sois la luz del mundo" No intentamos otra cosa que ser sal y luz, desde nuestra 'iglesia doméstica', desde nuestros hogares, desde nuestros encuentros quincenales, de oración y reflexión.
 Se aproximan las jornadas diocesanas de la familia, y un poco más allá, en el horizonte, la JMJ 2011. Han de ser, ante todo, unas fechas de Acción de gracias, por nuestras familias, y lo dones que recibimos día a día de manos del Supremo Hacedor. Ante todo, vivámoslas con agradecimiento, en oración, para que los frutos de estas jornadas, sirvan para enriquecer la Iglesia y que nuestras familias sepan vivir los dones recibidos.
Os hago un llamamiento, para participar en las próximas jornadas diocesanas, acompañando a Marta y Manuel, con nuestra presencia y, por supuesto con nuestra oración.  Pidamos también, por aquellos que sienten la llamada a pertenecer a algún equipo familiarista, para que se integren y, compartan en familia su fe.
 Hasta el próximo sábado, día 12, que D.m. nos volvamos a encontrar.
Que el Señor os bendiga.
Paco, dc. p.